1 Notas de Historia 
La sociedad de los italianos
Por Luis Ángel Legnani

Acta Fundacional (Fragmento)

¡Qué italianos éstos de Lomas de fines del siglo pasado! No tuvieron mejor idea que fundar la Sociedad Italiana “Unione e Stella di Lomas de Zamora” nada menos que el 9 de Julio del año 1882. De esta manera, la fecha tenía un doble significado: festejaban sus aniversarios el mismo día que el país conmemoraba su independencia y así, quizás sin proponérselo expresamente, demostraban su adhesión a la nueva patria... e tutti contenti. Pero hay que reconocer que estos peninsulares fueron los pioneros en sentar las bases de lo que es hoy el mutualismo en nuestro país, concretado a través de estas instituciones que los agruparon con espíritu solidario y donde podían manifestarse plenamente. Encontraban en ellas esa comunicación franca y abierta y ese mismo entendimiento con el cual soñaron llenos de ilusión al abandonar las costas del vecchio paese.

¡Y en qué tiempos fundaron la sociedad! Recién se iban apagando los ecos por las luchas de la unidad italiana, alcanzada en el reinado de Víctor Manuel II a quien secundaron Mazzini, el conde de Cavour y Garibaldi con heroico romanticismo y sus Mil de Marsala y que se simboliza en ese XX de Septiembre de 1870, de tan grata recordación para el liberalismo italiano. Era una época difícil y dura para esa laboriosa colectividad, en la cual todavía subyacían los viejos prejuicios de la madre patria que los dividían en regionalismos enfrentados a lo largo de la historia, agrupándolos en italianos del norte y meridionales. Tales sentimientos persistían, pese a que Margarita de Savoia, para conformarlos a todos, fue a dar a luz en la ciudad de Nápoles al que sería heredero de la corona y que llevaría el nombre de Víctor Manuel III.

Pero los italianos de Lomas no podían sustraerse a esa influencia atávica que aún los dominaba, de manera tal que tiempo después la colectividad banfileña resuelve tener su propia institución fundando la sociedad “Stella del Sud” con sede en la calle Maipú, y los de Temperley, no pudiendo con el genio, tuvieron su “Nuova Roma” bajo la batuta de Vicente Ciódaro, la que a su vez vio dividida sus huestes al crearse la “Societá Italiana di Mútuo Soccorso”, integrada ésta por italianos de la alta Italia, con expresa exclusión de los del sur. Desde luego, todas estas diferencias yacen ahora en el olvido, principalmente a partir del entendimiento entre la Santa Sede y la República Italiana, pero aquella simpática fiesta del “Venti di Settembre” nos despertaba temprano por la mañana con el estruendo de las bombas. Por la tarde se realizaba el desfile por la calle Laprida de grupos regionales con sus bandas de música y por la noche se encendían fuegos de artificio. Esos festejos fueron relegados definitivamente por imperio de la circunstancia mencionada.
Porque en la actualidad, una sola bandera y una sola Italia cobija a todos por igual. Pero como dato ilustrativo de viejos tiempos diremos que: “Unión”, fue una exigencia de los masones y “Stella” de los católicos.

La nueva sede

En la calle Gorriti 333, funcionó la primera sede de la entidad y al trasladarse ésta a su nuevo edificio de la calle España 37, la ocupó la Sociedad Hebraica (
Ver Nota 1). Evidentemente la construcción de la obra significó un esfuerzo de una magnitud sorprendente, si se tiene en cuenta la estrechez de los recursos de que se disponía y la dimensión del objetivo a realizar.
Pero los italianos no se arredraron y la base la constituyó el terreno donado por don Carlos Paranetti, vecino lomense y dueño de un sentido de la filantropía que corrió parejo con su espíritu democrático. Una placa recordatoria pone de relieve ese gesto que en un lejano 1882, el primer presidente, don Giusseppe Pedotti hiciera lo mismo en relación con un terreno que poseía en Gorriti 333.
La fiesta de despedida a la vieja sede se llevó a cabo el 25 de Septiembre de 1933 en la misma, y consistió en una cena que reunió alrededor de sesenta comensales. Se contó con la presencia del comisionado Municipal de entonces, don Alfredo Estévez y otras autoridades de la comuna que adhirieron calurosamente además a la celebración de la fecha que recuerda a la unidad de Italia. La cabecera de la mesa estaba presidida por los señores Luis A. Heil, Federico y Luis Siciliano, Carlos Campassi, José Ricci, Rafael Paolucci, José Vietti, Carlos D. Nicora, Juan Vietti y Vallejo Rivera. Luego de hablar varios oradores entre los que se contaban los señores Campassi, Mario Rabolini y Vallejo Rivera, no resistimos a la tentación de transcribir algunas estrofas de la poesía que había escrito para ese acontecimiento don Carlos D. Nicora de cuya personalidad ya nos hemos referido en un capítulo anterior.

Decía la misma en sus comienzos:

Vecchio tempio d’Italia in Argentina
Vecchia casa di Lomas de Zamora!!
Vengo a darti l’addio, poiche é giunta
D’abbandonarti l’ora.
¡Come mi allieta, per compito si grave
Piú dolce e piú soave!!

Y continúa más adelante:

Miro al passato, a i nostri bei vent’anni,
Quando, venendo a te, l’anima allegra,
Vergine ancor a tanti disinganni,
Per i sogni piú belli popolata, 
Cercando un ragazza per un valzer
Trovammo quí la sposa
Madre dei nostri figli insuperata...

Y finaliza con estos emotivos versos:

Sará compito nostro il ricordarte
E perció nel momento di lasciarti
Cogliamo il sacro nome imperituro
Dei soci che son morti
Ed in balda e trionfale processione
Li portiamo al palazzo del futuro.
Per fari di quel palazzo un cenotafio
Dove tutti cogli ochii del pensiero
Vedran quest’epitaffio:
“Salve a i socii che dettero l’esempio
Di alzare ben due volte questo tempio.

La Función de Gala

Con una “Gran función lírica de gala” (según rezaba el programa), se inauguró la sala del Cine Teatro Coliseo el 9 de Julio de 1933, conmemorándose también el 51° aniversario de la fundación de la sociedad. En tal oportunidad se representó la ópera “Rigoletto”, de Giusseppe Verdi, bajo la dirección del maestro concertador y director de orquesta A. Capizzano, con la actuación, entre otros cantantes, de nuestra convecina de Banfield Elena Venturino.
Además se cantó el Himno Nacional Argentino y la Marcha Real Italiana. Un público numeroso colmó las instalaciones del Coliseo (como diría en su crónica del día siguiente un diario local) asistiendo autoridades provinciales y comunales y los más altos representantes de Italia en nuestro país, además del teniente general Pablo Ricchieri, invitado especialmente por su grado y por ser vecino de Temperley. Acotamos que al conmemorarse el primer aniversario de este acontecimiento subió a la misma escena la ópera del maestro Donizzetti “Lucia di Lammermoor”, protagonizada en el papel principal por la misma Venturino, consagrada ya en nuestro templo mayor de la lírica, con la interpretación de principalísimos roles de la operística mundial. Desde entonces la sala del Coliseo fue escenario de acontecimientos artísticos de señalada importancia, desfilando por él personalidades de indudable jerarquía en el orden nacional y hasta internacional. Gardel, Magaldi y Corsini, para nombrar al trío más famoso de antaño de nuestra música popular; orquestas de la talla de Firpo y Filiberto y compañías teatrales y líricas de honda gravitación en nuestra escena (prácticamente las de mayor nombradía) actuaron en esa sala a lo largo de tantas décadas, destacándose la presencia de coros, solistas y figuras del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón que distinguieron al Coliseo para la realización de ciclos líricos de extensión cultural todos los años. Diremos que es la única institución que goza ese privilegio por parte de esa Alta Casa de Estudios.
La historia de la construcción de toda la edificación de la sociedad, dirigida por el arquitecto Pio Ricagno, está matizada por episodios que demuestran la tenacidad de los asociados en ofrecerle a Lomas una obra que la enorgullece por sus características monumentales para la época de su realización. Cabe destacar que el Coliseo está considerado en la actualidad entre los diez mejores teatros líricos de la Argentina y a esto debemos agregarle el llamado hoy Salón Dorado, lugar privilegiado para conferencias y exposiciones de la plástica local y nacional. Entre el vasto anecdotario extraemos algunos episodios que ponen de manifiesto la preocupación de los directivos en solucionar problemas como el levantamiento de la hipoteca de veinticinco mil pesos que pesaba sobre la sede, merced a los buenos oficios del ministro de Gobierno de la provincia, doctor Julio A. Noble, durante la gestión de Manuel A. Fresco. Don Federico Siciliano, que cumplió como presidente de sus Bodas de Plata, acompañado del asesor letrado, doctor Mario Rabolini obtuvieron el préstamo por aquel valor.

El Panteón

Las dos grandes preocupaciones de los italianos es tener su techo donde vivir y un lugar en el cual descansar con vistas a la eternidad; aparte claro está, de tener sus ahorros bien guardados para cualquier emergencia, y uno de los mayores desvelos de los asociados fue tener su panteón propio en el cementerio local. Fue a principios de siglo, cuando aún “tutti eravamo giovanotti” que sustrayéndole horas al sueño y a sus respectivos trabajos, incluyendo Sábados y Domingos, levantaron el primer monumento funerario, hasta que por exigencias cuantitativas hubo necesidad de construir uno más amplio, bajo la dirección del arquitecto Manuel Tavazza, quien falleció cuando lo construía. Allí descansan sus restos. La obra la concluyeron los hermanos Schiavone y se inauguró en el año 1957. Desde luego que si fuera por Cayetano Marzoratti, que por un lapso de más de cincuenta años se desempeñó como cobrador de la institución y que falleciera a los noventa y cinco años, el panteón social hubiera permanecido casi sin ocupantes.

Del anecdotario

Para la renovación de autoridades nunca se habían presentado dos listas, excepto en el año 1969 cuando Antonio Bagnuolo con una verde y Eugenio Sarubbi con una blanca se enfrentaron para ver quién iría a dirigir los destinos de la sociedad, por ese período. Se adujeron ciertas incorrecciones en el transcurso del comicio ya que como la urna estaba en una mesa donde el sol le daba plenamente se podía ver al trasluz el color de la boleta cuando se introducía el sobre. Resultó ganador Sarubbi y caballerescamente su adversario aceptó la derrota, pero desde entonces su colaboración con la entidad fue esporádica, no faltando quien dijera que estas cosas pasan en el seno de las familias más respetables...
Pero como contrapartida a este episodio diremos que Humberto Ré cuando llegaba tarde a las reuniones de comisión, entonaba trozos de ópera adecuados a las circunstancias; justificaba así, alegremente su falta de puntualidad.
Más agradecido fue Domingo Spagnolo quien aludiendo a su avanzada edad (estaba arañando los noventa años) decía que él había hecho un convenio con San Pedro en el cual una de las cláusulas especificaba que el santo le permitía seguir viviendo para que pudiera continuar como miembro de la comisión directiva.
Pero más tajante fue Sarubbi que cuando era presidente, “descontaba” una hora a quien llegaba tarde y a quien faltaba le “descontaba” toda la reunión, como una forma simbólica de aplicar sanciones. Claro que todas estas ingenuidades forman parte del carácter de estos peninsulares que entre bromas y responsabilidades fueron capaces de levantar un complejo edilicio que enorgullece a Lomas de Zamora.
Don Santiago F. Ferrando, que fuera dos veces vice-presidente de la “Unione e Stella”, en amable plática me fue relatando hechos y episodios que matizaron en alguna forma la historia de esta sociedad, un lapso que abarca desde su primer presidente, don Giusseppe Pedotti hasta el actual, Dr. Enrique Pirotta Ucha (
Ver nota 2) y en cuyo transcurso (más de cien años) estos esforzados inmigrantes supieron volcar en nuestra ciudad ese espíritu de la Italia contemporánea que se nutre de trabajo y de auténtica fuerza lírica, amen de otras cualidades, factores indispensables para las grandes realizaciones, como la que reseñamos modestamente en este capítulo.
Desde luego el humor y aún la ironía juegan su rol preponderante respecto a esa supuesta rivalidad entre italianos y españoles, desmentida elocuentemente (en esta circunstancia) por una placa colocada en el hall de la entidad y que rememora en letras de bronce con un relieve alusivo, la visita de los reyes de España a Italia, el 20 de Noviembre de 1923. Fue de confraternidad, dijeron en su época, aunque a veces algunos gobernantes se encargaron de desvirtuar el verdadero sentimiento de ambos pueblos.
Pero esto pertenece a una historia que nada tiene que ver con la Sociedad Italiana “Unione e Stella di Lomas de Zamora”.


Del libro: Evocaciones lomenses (Continuación de Un Lomas que yo he visto), de Luis Angel Legnani, Copia textual, exceptuadas las Notas mencionadas a continuación.

Nota 1: Texto modificado por actualización de datos. El texto original refiere: "... la ocupó la Sociedad Hebraica, donde permanece en la actualidad."

Nota 2: Texto modificado por actualización de datos. El texto original refiere: "hasta el actual, don Nicolás Spadaccini"

 

Notas de Historia

1

La sociedad de los italianos, por Luis Angel Legnani

2

Esta es una historia igual a tantas otras, por Cristina Canepa

3

El madrinazgo del Coliseo Italiano, por Enrique A. Pirotta Ucha

4

El Panteón Social, por la Comisión Directiva
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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