3 Notas de Historia 
El madrinazgo del Coliseo Italiano
Por Enrique A. Pirotta Ucha
Corría la década del sesenta, obviamente del siglo XIX, cuando recaló en Lomas de Zamora, joven partido por aquel entonces, Antonio María Ambrosis con su esposa Francisca Barbieri y sus dos primeros hijos. Provenía del Alto Piamonte, precisamente de Val Vigezzo, que se extiende desde Domodossola hasta Locarno (Suiza), un idílico valle recostado en los contrafuertes de los Alpes Lepontinos.
Al menos así lo parece hoy con sus villorrios con sus típicas casas de techo de tejuela de piedra, algunos apenas caseríos, casi suspendidos de las laderas de las montañas de picos nevados, distantes a veces apenas unos centenares de metros, pero cada uno guardando su identidad, Buttogno, Crana, Duogno, Toceno y, por supuesto, Santa María Maggiore, su principal población.
Hoy día con su línea ferroviaria de trocha angosta, la Vigezzina como se la apoda, es lugar de veraneo especialmente suizo. Nada de esto existía por entonces, así como el primer túnel bajo los alpes que comunicaría con Suiza, el Simplón. No es difícil suponer una vida dura y austera para arrancar de la tierra apenas los medios de subsistencia pero de larga historia que pergaminos y viejos archivos conservan.
De allí partió, en busca de un futuro mejor, Ambrosis, cuyo apellido latinizado originario era Ambrosius della Valle, que se remonta al 1300, así como el de su esposa, Barbieri, más moderno (sic) al 1500. De la misma forma que lo hicieron otros coterráneos que también se afincaron en nuestra Lomas de Zamora, como los Agosti, los Fiora, los Parnetti, los Paranetti, etc, algunos vinculados familiarmente.
Eran épocas en que el entusiasmo esperanzado que aportaron a nuestro país no exigía nada más que la oportunidad de trabajar duro y honestamente sin ninguna clase de “derechos” ni exigencias. Tan sólo huir del hambre y la posibilidad de un futuro honorable.
Pasó algún tiempo y el 13 de Mayo de 1871 nacía María Antonia, su primer retoño americano.
Su nacimiento fue inscripto en la entonces Iglesia de Nuestra Señora de la Paz, hoy Catedral, que recién en 1865 había comenzado a registrar nacimientos y defunciones. Pasaron los años lomenses y el 9 de Octubre de 1897 se casó con Carlos Santiago Pirotta, de orígen lombardo. De este hogar nacerían dos hijos varones, Antonio Carlos y Alberto Raúl, que con el tiempo serían médicos de nuestra comunidad.
Años de actividad fecunda, esperanzado trabajo y una ilimitada confianza en el futuro, del cual se sentían protagonistas. Fue así como la comunidad italiana, a través del Comité XX de Septiembre le ofreció con fecha 12 de Septiembre de 1910, de acuerdo con las Comisiones del “Teatro Coliseo Italiano” y de la Unione e Stella (sic) el madrinazgo de la sala a erigirse y cuya piedra fundamental se haría en medio de solemnes festejos el 18 de Septiembre “ en conmemoración de la gloriosa fecha de la caída del Poder Temporal”. No olvidemos que estaba en todos ellos fresca la fecha que significó la unidad italiana al desaparecer los Estados Pontificios. Signaron el ofrecimiento Albano Rapallo como presidente y Rovedatti como secretario. De este evento se conserva el documento original y la medalla de oro conmemorativa que le fuera ofrecida.
Fue necesario llegar al 27 de Junio de 1933 para que se inaugurara el edificio que hoy todos conocemos, con la representación de la ópera Rigoletto, de Giuseppe Verdi.
Todavía pequeño me parece recordar los comentarios familiares de este evento.
Después de una fecunda vida, María Antonia Ambrosis de Pirotta, falleció en Lomas de Zamora el 28 de Diciembre de 1941.

 

Notas de Historia

1

La sociedad de los italianos, por Luis Angel Legnani

2

Esta es una historia igual a tantas otras, por Cristina Canepa

3

El madrinazgo del Coliseo Italiano, por Enrique A. Pirotta Ucha

4

El Panteón Social, por la Comisión Directiva
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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