2 Notas de Historia 
Esta es una historia igual a tantas otras
Por Cristina Canepa

Pocos días atrás he leído en una revista italiana un artículo sobre el proceso inmigratorio en Italia, por el cual entran de manera clandestina los inmigrantes de países de Europa Oriental y África.
Esto me ha hecho reflexionar sobre el cambio que sufrió Italia. Un país del que emigraron tantas personas buscando un futuro mejor, recibe ahora una gran cantidad de inmigrantes de países del tercer mundo por los mismos motivos.
Mis antepasados fueron también inmigrantes, pero según cuenta la historia Argentina han habido italianos en esta tierra desde la conquista europea, como por ejemplo, nuestro primer geógrafo, Antonio Pigafetta. De la época virreinal podemos recordar al músico Zipoli, al arquitecto Bianchi, y al explorador Mascardi. Luego, cuando ya éramos independientes de España, durante el gobierno de Rivadavia, arribaron artistas, técnicos y científicos, y alrededor de 1840, los legionarios de Garibaldi.
Luego de la batalla de Caseros, cuando ya se había promulgado la Constitución nacional, se inició la inmigración en bloque de los italianos. Llegaron primero los del norte y luego los del sur. Para 1854 había 15.000 italianos en la provincia de Buenos Aires. En 1895 los italianos ya eran 492.676 y constituían el 12% de la población de la provincia.
Piamonteses, lombardos y friulanos llegaron primero. Más tarde calabreses, sicilianos y napolitanos. Las dos Guerras mundiales fueron los motivos por el cual Italia vio partir a sus habitantes.
Todo esto lo cuenta la estadística, pero yo tengo un sentimiento diferente porque toda esta historia me fue contada por mi abuelo, que también fue un inmigrante clandestino que llego a la Argentina en la última década del siglo XIX, siendo solo un quinceañero.
Él hablaba siempre de “su Italia”, más particularmente de su pequeño pueblo del Piamonte, de donde se había visto forzado a partir porque la situación económica era desesperada.
Mi abuelo vivió amando Italia y Argentina. Ambas eran su patria. Nosotros aprendimos de él a amar a nuestro país. Él aconsejaba siempre estudiar, trabajar mucho, hacer un gran país para no tener jamás la necesidad de partir a otras tierras. Creo que su partida de Italia fue un gran dolor para él. De él he tomado el placer por la ópera, las pastas del domingo, el amor por la naturaleza, el respeto por la amistad y las ganas de viajar algún día a Italia a visitar todos esos lugares que él conoció y me describió tan bien que estoy segura serán casi familiares para mi. He recibido también de él la admiración por la lengua gracias a la cual he podido gozar de la literatura italiana. 
Esta historia es una igual a tantas otras; somos muchos los argentinos cuyos antepasados son inmigrantes italianos.
Nuestra Constitución Nacional, la Ley de Fomento de la Inmigración de Avellaneda, el progreso continuo de nuestra República en aquel tiempo, el “pago” superior, la tierra fértil, la “magia” de América, el sueño de la Argentina tierra prometida, fueron las razones más importantes para venir a nuestro país.
Italianos del norte al sur, agricultores, fruticultores, vinateros, obreros, trabajadores de la tierra y de un futuro mejor, han cultivado el suelo, han servido a la patria y han producido el crecimiento de nuestro patrimonio espiritual.

 

Notas de Historia

1

La sociedad de los italianos, por Luis Angel Legnani

2

Esta es una historia igual a tantas otras, por Cristina Canepa

3

El madrinazgo del Coliseo Italiano, por Enrique A. Pirotta Ucha

4

El Panteón Social, por la Comisión Directiva
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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